Entrevista: Abraham Abreu (2014)

Clavecinista, pianista y educador musical venezolano. Se formó como pianista y clavecinista en la Universidad de Yale (USA), y con el maestro Gustav Leonhardt, en Holanda. Se ha presentado en Alemania, Argentina, Austria, Brasil, Chile, Colombia, Escocia, Estados Unidos de Norteamérica, Francia, Guatemala, Holanda, Inglaterra, Italia, México, Noruega y Suiza. También, se ha desempeñado como profesor de piano en la Universidad Central de Venezuela y la Escuela Experimental de Música Manuel Alberto López. Entre sus grabaciones se encuentra: Bach, Couperin & Scarlatti (1972); Trío Barroco Abreu (con sus dos hijos) (1993); Obras de Bach (1996); Dúo de Clave y Guitarra (con J. Coles) (1997); Clave, Clavicordio, Piano (1999). También ha presentado su propuesta musical a través de la radio y televisión. Ganador del Premio Nacional de Cultura de Venezuela 2001, Mención Música. Profesor Emérito de la Universidad Simón Bolívar, donde actualmente dicta clases de Piano en la Maestría en Música.

 

¿Existía alguna tradición musical en su familia?

No realmente, mi papá tocaba un poquito de violín, y a mamá le gustaba mucho la música, pero realmente músicos profesionales que yo conozca no.

¿Qué profesores han dejado huella en usted?

Fundamentalmente mi profesor en Estados Unidos, que era un señor... bueno yo digo que era un señor mayor pero cuando yo estudié con él era más joven que yo ahora, el tenía 65 años y ahora tengo 74... pero yo tenía 19 años lo veía a él como un viejito, y era un gran maestro, había estudiado con Siloti; Siloti era primo y maestro de Rachmaninov, y alumno de Liszt. Él era ligeramente mayor que Rachmaninov pero era su primo y Rachmaninov estudió con él, porque Siloti estudió con Liszt, entonces había un interés por parte de Rachmaninov. Mi maestro había sido en su juventud un pianista muy completo, pero en la edad en que yo lo conocí su interés era fundamentalmente musical, sobretodo Mozart, Brahms, Schumann lo hacía muy bien... ya no era un virtuoso como cuando era joven.

Después en Caracas de vuelta, trabajé cuatro años con Harriet Serr, fue algo inolvidable, grandísima maestra que me hizo progresar enormemente, y después de eso yo medio abandoné el piano para estudiar clavecín, y tuve la oportunidad de ir a Amsterdam y trabajar con Gustav Leonhardt, que acaba de morir el año pasado; gran intérprete de la música barroca, el gran gurú realmente de los clavecinistas. Él fue el principal representante de la corriente que busca tocar instrumentos originales y copias fieles de los instrumentos de época.

 

¿Y otros músicos con los que haya compartido?

Lo que pasa es que son demasiados. No sé si al mencionar algunos olvidaría a otros, muy importantes. Yo tuve una relación muy bella y considero que recibí una gran influencia del director y compositor Gonzalo Castellanos, que después se retiró y ha pasado muchos años fuera del escenario, pero que durante mucho tiempo, en los años 60, 70, y 80 era el mas grande director venezolano, y un músico extraordinario. Seguro que hay muchos más pero en este momento no me vienen...

 

¿Cuáles son sus ídolos en el piano, en cuanto a composición y ejecución?

En cuanto a composición los mismos de todo el mundo. Chopin y Liszt, por supuesto Beethoven, Scarlatti que no es propiamente de piano pero se toca en el piano y suena muy bien... Schumann... Y como ejecutantes sin la menor duda Vladimir Horowitz; también Richter y también muchísimos pianistas excelentes... pero Horowitz tiene como un nicho especial, él está como en un trono particular. Porque hubo otros que tocaron tan rápido y tan fuerte como él pero ninguno que tocara con el mismo nivel de sutileza, de fantasía y de colorido, realmente era algo extraordinario.

¿Tiene alguna afición aparte de la música?

Me gusta mucho dibujar. Paso horas dibujando, es una manera de... oyendo música y dibujando al mismo tiempo, el dibujo es como si fuera que me libera la mente para oir. No le pongo atención a lo que estoy dibujando sino a lo que estoy oyendo y la mano como que me mantiene relajado. Ahorita tengo una historia, siempre estoy inventando cosas asi medio cómicas... la historia de una señora que se llama a sí misma, ella no se llama así pero se pone el nombre de "Wanda Clavicembalowska", una especie de imitación de Wanda Landowska y la palabra clavecín en italiano (clavicémbalo). Es una ejecutante, una clavecinista que se presenta en las salas de todo el mundo y le dice a la gente que ella no es vieja, ella es antigua; y le dice a la gente "yo nací en 1700, y estudié con Rameau y con Couperin, con Handel, Scarlatti, Bach... pero no envejezco porque hago acupuntura, yoga, comida vegetariana..." entonces ella parece de 25 años pero en realidad tiene mas de 300; y ella es de Martinica, es hija de un conde francés de la corte de Luis XIV con una mulata martiniqueña, entonces el rey les prohibió que se casen porque era un horror que un noble se casara con una muchacha del pueblo, pero igual vivieron su vida en palacios muy ricos, ella recibió la mejor educación posible, y sigue viva está en Martinica y uno puede ir para estudiar con ella... (risas)

 

¿Alguna anécdota cómica?

Cuando era joven tuve buenos maestros, estudiaba mucho, tenía un progreso bastante bueno, pero en el año 70, cumplí 31 años; era el año conmemorativo del nacimiento de Beethoven. La orquesta sinfónica hizo una serie muy importante en su honor, donde se tocaron todos los conciertos con diferentes pianistas, donde por ejemplo el quinto concierto lo tocó Judith Jaimes, una pianista consagrada. A mi me tocó el segundo, aparentemente sencillo pero realmente es muy delicado; cuando llegó el momento de tocarlo me preocupó mucho la memoria, el concierto ya lo tocaba con mucha fluidez, pero la memoria en relación a un evento con orquesta, la idea de que uno pudiera perder la memoria y tener una orquesta detrás, era muy angustioso. Recuerdo un sueño que tuve en ese momento, en el que salía al escenario vestido de frac; el concierto tiene un tutti muy largo como todos los conciertos clásicos, y cuando llegó el momento de empezar a tocar, miré el teclado y en lugar del patrón de teclas negras del teclado dos, tres, dos, tres, dos, tres, había cinco, cuatro, una, siete... (risas) afortunadamente en la realidad no ocurrió.

 

¿Alguna recomendación para los estudiantes de piano?

Paciencia y perseverancia. Si tú lees el tratado de Heinrich Neuhaus, él fue el maestro de Richter y de Gilels y de muchos otros, el más grande profesor de Rusia de los años 20, 30, 40, 50. El defiende el valor de la repetición, el valor de insistir en pequeños fragmentos, el valor de las horas de estudio... hubo escuelas posteriores que decían que no era tan importante repetir ni pasar horas en el instrumento, con pensar con mas cuidado y concentrarse uno puede hacer todo en menos tiempo; pero yo no lo creo tanto, a menos que uno sea un superdotado de la naturaleza, que son muy pocos, para llegar lejos hay que pasar muchas horas al teclado... preferiblemente cuando se es muy joven todavia, tocar repetorio muy difícil e insistir en la velocidad y en la perfección, control de la dinámica, todo eso...

 

ENTREVISTA REALIZADA POR FRANCISCO HERNÁNDEZ