Entrevista: Arnaldo Pizzolante (2014)

 

 

Pianista y educador musical venezolano. Estudió con los profesores María de Urquijo y Harriet Serr en Caracas, con Susan Starr en Filadelfia, y con Alfonso Montecino y Michel Block en la Universidad de Indiana (USA), donde también realizó estudios de Música de Cámara con el maestro Josef Gingold. En Caracas debutó con la Sinfónica Venezuela en 1978 y fue integrante de esta orquesta durante 18 años. Entre sus más notables presentaciones cabe destacar los estrenos en Venezuela del Concierto de Piano y Orquesta de Alexander Scriabin bajo la dirección de Georg Schmoehe; el estreno de Totentanz, de Franz Liszt, con la conducción de Rodolfo Sagilmbeni, y el Concierto para Piano y Orquesta de Igor Stravinsky, con la Filarmónica de Caracas bajo la dirección de Eduardo Marturet. Ha sido solista invitado de la agrupación de música contemporánea de la Universidad de Indiana, de la Orquesta Sinfónica Nacional de Costa Rica y la Orquesta Sinfónica de El Salvador. Ha ofrecido numerosos recitales de piano solo y de música de cámara en los Estados Unidos de Norteamérica, México, El Salvador, Costa Rica, Curazao, Colombia e Italia. También fue solista de la Orquesta Sinfónica de Aragua, durante el Festival Beethoven, interpretando los cinco conciertos para piano y orquesta de Ludwig Van Beethoven, bajo la dirección del maestro venezolano Luis Miguel González. Actualmente es profesor de la Cátedra de Música de Cámara en la Escuela Mozarteum en Caracas.

 

¿Existía alguna tradición musical en su familia?

Si, claro. De las últimas generaciones del siglo XX, el mismo nono, el primero que llegó a Venezuela, el abuelo Antonio Pizzolante cuando llegó de Italia en el año 1922 después de la primera guerra mundial. Nos enteramos de que él cantaba y había tocado el clarinete en una banda del ejército en Italia o algo así. El primer hijo junto a la nona María Balbi fue mi papá Jose Antonio Pizzolante quien también estudió con el Maestro Sojo; se llegó a ganar una Mención Honorífica, un Premio Nacional de Música en el año 1954. Estudió un poco de piano creo que también con Evencio Castellanos aunque nunca tocó conciertos. Mi padre siempre fue lo que deseó, por eso tanto apoyo me dió cuando el último de los cuatro hijos si quiso dedicarse a la música. Por el lado de los Teppa que es la familia de mi madre, Carlos Teppa, el tío de ella, tío-abuelo mío, fue chelista de la Orquesta Sinfónica de Venezuela por mucho tiempo y compositor, y otro de los descendientes de los Teppa que es muy famoso hoy en día en la música venezolana es Gonzalo Teppa, el contrabajista, viene siendo ya como un primo tercero a estas alturas, pero somos de la misma familia. De la misma familia la bisabuela Isabel era cantante de ópera, osea que por los dos lados, si me viene la corriente musical.

¿Qué profesores han dejado huella en usted?

Debería decir que algo aprendí de todos, inclusive cosas buenas y malas... diría yo, porque uno va haciendo después su propia mezcla para hacer su propia identidad pianística, sea técnica o musical, y todos aportaron algo en su momento. Pero fíjate que en mi memoria se destaca más, de los que tuve afuera en Estados Unidos, el que menos clases me dio que fue Michel Block en la Universidad de Indiana. Ya yo había estudiado aquí con Harriet Serr y después con Susan Starr en Filadelfia, con Alfonso Montecino en Indiana, pero también tomé esas clases con Michel que fueron las que más me marcaron. Y después fíjate cuando regreso a Venezuela en el año 1986 a mí quien más me aclaró una cantidad de cosas del piano fue mi amigo, sin siquiera ser mi maestro, Carlos Duarte, a través de largas conversaciones. Él estaba muy metido en esa investigación, hasta quiso escribir un libro de técnica en la época, hablábamos mucho de técnica, y fue la primera persona de todos esos maestros que me habló de algo lógico, que yo entendí de una vez, que tenía una lógica físicamente para la mano, el cuerpo. Y aunque no haya sido un maestro porque fue mi amigo simplemente, casi que lo pondría en ese lado porque aprendí tanto de él... Me llevaba un año y medio nada más, sin embargo me llevaba muchos años de diferencia debido a lo precoz que fue en todo: en ganar premios de música, en tocar conciertos desde jovencito, tenía mucha más experiencia que yo. Yo le agradezco todas esas conversaciones a Carlos.

 

¿Y otros músicos con los que haya compartido?

Mi maestro... yo digo que de música de cámara, aunque legalmente acompañaba su cátedra en la Universidad de Indiana, donde estuve casi seis años tocando con violinistas muy buenos, fue Josef Gingold. Todos los violinistas todavía hoy en día después de haber muerto hace muchos años, saben quien fue Josef Gingold, uno de los más grandes maestros del violín. Ese señor era tan inspirador, era pura música, era puro corazón, no solamente era como el padre de todos esos violinistas sino también de los pianistas que tocábamos en sus cátedras. Cada vez que ese señor agarraba el violín y tocaba con uno para demostrar algo a un alumno era una fuente de inspiración tremenda. Fue Concertino de la Orquesta de Cleveland con George Szell, de la NBC con Toscanini, que había salido desde Rusia después de la revolución. Seguro que hay más que no vienen a mi memoria ahorita tan rápido.

 

¿Cuáles son sus ídolos en el piano, en cuanto a composición y ejecución?

Entre los compositores, sabes como es, uno va pasando por etapas en la vida en que se acerca más a unos que a otros, entonces, creo que la etapa que más me ha durado es esta última donde sigue siendo uno de mis compositores favoritos Franz Liszt para el piano, también por la importancia en lo que fue su composición en el siglo XIX. Recientemente estoy descubriendo más a Brahms y me parece que es el otro pilar de la música del siglo XIX totalmente antagónico vamos a decir a Liszt, pero que tan valioso o más, un digno heredero de Beethoven y cada vez me llega más su música al corazón. Habrá otros seguramente, pero por lo menos a Liszt siempre trato de incluirlo cuando toco un programa de recital. Gracias a Carlos Duarte que me sentó un día a enseñarme las obras de Liszt que no conocía bien, que son quizas sus mejores obras; no las obras virtuosas más populares de él como las Rapsodias Húngaras, sino estamos hablando de la Bendicion de Dios en la Soledad, de Valle de Obermann, Sposalizio, la segunda Balada... la Sonata ya la conocía y siempre me pareció la obra maestra del piano en el romanticismo. Fue gracias a Carlos que, de tanto que yo criticaba: "Liszt es únicamente fuegos artificales y eso no tiene contenido", me respondía "¡No! sientate y escucha esto, escucha lo otro"; la manera que él tenía de tocar sus obras sin tanto amaneramiento, me hizo descubrir a Liszt en el año 1986, y desde entonces me he quedado con él.

En cuanto a pianistas, también he pasado por épocas fanático de algunos. Vladimir Ashkenazy en una época cuando estaba más joven fue uno de los que más admiraba; Martha Argerich. De los viejos, Arthur Rubinstein, Vladimir Horowitz, pero después al final ya no me gustó tanto este último y empecé a querer más a Sviatoslav Richter por ejemplo. Arturo Michelangeli, a quien tuve la suerte de oír dos veces en vivo en Londres; podría decir que me cambió también la percepción del piano, fue la primera vez que oía un piano que sonaba a otra cosa. Eso no parecía un piano, parecía una orquesta de tantos colores que ese hombre era capaz de sacar del instrumento. Tuve la suerte de oirle el Concierto en Sol de Ravel con Sergiu Celibidache dirigiendo y como a los dos días tocó un recital con dos sonatas de Beethoven y todos los preludios del primer libro de Debussy y fue fantástico, eso es una experiencia extraordinaria. En el concierto de Ravel tocó con un Steinway que pude identificar, y en el recital usó este mismo piano para Beethoven pero tenía otro piano que lo cambiaron en el intermedio para tocar Debussy, tenía dos pianos para el recital. Eso es lo que tenía mi maestro, Michel Block, que él quizas con todo y que hablaba el español muy bien, porque había vivido en México desde pequeño, no se explicaba muy bien; pero cuando se sentaba al piano, tocaba y te demostraba lo que estaba diciendo, entonces te dabas cuenta de lo que hablaba, sobretodo porque él tenía eso de los colores que sacaba Michelangeli que yo no he oído en nadie más.

Últimamente quiero mucho a Richter también, por lo humano, porque es un hombre que es capaz de tocar de mil maneras, no es una máquina; puede salir a tocar no tan bien algunas veces. Hay grabaciones que no son tan buenas, y otras que son sublimes, y sobretodo por conocer sus anotaciones de un diario que mantuvo y que está en el libro de Bruno Monsaingeon, que enseña mucho la humildad y lo artista que era Richter de verdad. Hoy en día hay una nueva generación de pianistas que no comprendo mucho, de los que más me ha impresionado, de los más jóvenes es Arcadi Volodos, a quien tuve el privilegio de escuchar en vivo creo que en el año 2000.

¿Tiene alguna afición aparte de la música?

La historia, aunque últimamente no he tenido tanto tiempo de leer, pero sobretodo la historia de Venezuela. Me ocupé de conseguir mucha literatura, tengo cerca de mil libros de historia de Venezuela que no se consiguen hoy en día porque los he conseguido en librerías muy especializadas, probablemente he leído la quinta parte de eso como 200 libros, ojalá pudiera recordar todo lo que he leido de historia, sería un historiador hoy en dia, pero si me apasiona y creo que es algo que todos los venezolanos deberiamos conocer mejor, nuestra historia para no seguir repitiéndonos.

 

¿Alguna anécdota cómica?

Hay muchas, la primera que se me viene a la mente es una vez que fui a San Cristóbal que me mandó el CONAC de la época creo que fue en el año 1986. Llegué, nadie me esperó en el aeropuerto. Yo sabia que debía ir al hotel El Tama donde me quedaba y me fui allí. Al rato me llama el encargado de dirección de cultura de la época: "¡Maestro ya llegó! Este.... Disculpe que no lo fuimos a recibir, pero ya está todo listo para el concierto de esta noche, ¿trajo su guitarra?" Yo respondí: "¿Cómo? Yo soy pianista". "¡Ay no me diga que usted es pianista! ¡Hay que conseguir un piano entonces!" Pasados unos minutos me llamó: "Vamos a hacer el concierto en el restaurant del hotel El Tama con un piano vertical que tienen ahí, que conseguimos, y le pedimos un favor, si le podría tocar el cumpleaños feliz al Monseñor porque es su cumpleaños". Cuando vi todo eso, que no me iban a entender dije: "¡Si como no, seguro!" agarré mi maleta y me fui al aeropuerto y me devolví a Caracas. No me llamaron más.

 

¿Alguna recomendación para los estudiantes de piano?

Bueno... la recomendación que hace cualquiera es estudiar, estudiar, estudiar. Son muchas horas que hay que sentarse, y no solamente por las horas sino hacerlo con conciencia. Alimentar no solamente la técnica del instrumento sino el intelecto también, la cultura musical, no puede ser que un estudiante toque una obra copiándose versiones que oye de otros pianistas en grabaciones. A todos siempre les he aconsejado que primero estudien y lleguen a una conclusión de como ellos ven la obra, para que despues oigan no una, sino quince, veinte grabaciones, todas las que puedan y comparen con la version que ellos tienen en su cabeza. Muchas veces uno aprende de los demás, de los grandes artistas: "¡Oye tiene razón!, en este trozo estoy haciendo un ritardando que no debería hacer..." O al revés, muchas veces la tradición nos trae grabaciones donde la gente no hace lo que está en la partitura, sin embargo se han convertido como en la versión de tal o cual obra. Todo el mundo tiene youtube hoy en día, grabaciones, las buscan, las imitan, y eso nunca queda igual que en la original; yo creo que lo importante es el intelecto. A veces en Venezuela somos un poco flojos los criollos y dejamos todo para "mañana"... tenemos mucho talento pero no hay entonces el esfuerzo, el trabajo que tiene que venir combinado con el talento.

Hacer mucha música de cámara, aprender a escuchar a los demás y que te escuchen a ti también. No siempre se puede tocar con orquesta, entonces es más fácil armar una sonata, un trío, un cuarteto, uno no va a tocar siempre el piano solo. Es más se pueden ver las obras para piano solo como si fueran una obra orquestal, una obra de cámara, identificar cada instrumento dentro de una obra. Muchas veces  veo una sonata de violín y piano de Beethoven y la comparo con las sinfonías; uno no puede tocar una cosa diferente solamente por ser una sonata de violín y piano, el lenguaje sigue siendo el mismo. Ahi es donde creo que la cultura musical es lo más importante, y claro, tener buena técnica para poder demostrar eso, porque si no sería como un actor que tiene todo el mejor deseo de comunicarle algo al publico pero es tartamudo, entonces nunca va a llegar... Un pianista que tenga toda la buena intención pero no tenga técnica tampoco va a llegar.

 

ENTREVISTA REALIZADA POR FRANCISCO HERNÁNDEZ